Columna Sustentabilidad
Margarita Talep
Fundadora de @desintegra.me

En 1860 se inventó el primer plástico semi-sintético en el mundo por la mano de Alexander Parkes, conocido como Parkesina. Los resultados alcanzados por los primeros plásticos incentivaron a los químicos ya la industria a buscar otras alternativas para crear más polímeros.

En sólo un siglo en diferentes partes del mundo se fabrican más de 17 tipos de plásticos diferentes.

Hoy por hoy existen inagotables aplicaciones para los plásticos y algunas de ellas hicieron historia por cambiar nuestros estilos de vida, son conocidas mundialmente y para la mayoría de nosotros han estado presente desde el momento en que nacimos. Bolsas Zipploc, fuentes Tupperware, Scotch 3M, Alusa Plast, Papel de burbujas para embalaje, botellas de plástico, entre otras.

Hace 30 años, no se consumía ni la mitad de plásticos que se consumen actualmente. La cultura del “consumir y tirar” ha ido ganando terreno en nuestros hábitos. Los diversos factores que nos han traído a este punto son el avance de un sistema productivo consumista neo-liberal, que se caracteriza por la rapidez y la flexibilidad. Queremos el consumo de productos “rápidos” y que nos aportan “facilidades” sin mirar más allá de nuestra necesidad inmediata. Todo esto sin tener en cuenta las repercusiones socio-ambientales que genera este modelo de consumo. El que nos lleva a consumir productos desechables y de sustitución, haciendo ínfima la vida útil de estos productos. Dando paso a los mundialmente conocidos, plásticos de un solo uso.

Este tipo de plástico se caracteriza por tener un máximo de 40 minutos de vida útil en las manos del consumidor, después de esto, son arrojados esperando su degradación en 500 años o más, y están presente en la mayoría de los objetos que utilizamos a diario. La mayoría de ellos no pueden reciclarse ya que no tienen mercado para ser reciclados, ya sea por su tamaño, forma, peso o compuestos. Osea que, este tipo de plástico está diseñado para terminar en la basura.

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Los objetos plásticos que desechamos pueden acabar en un vertedero, ser incinerados o reciclados. Estos residuos pueden llegar al mar incluso cuando los tiramos a la basura por la acción del viento, la lluvia o simplemente por que no se desecharon correctamente. Hoy en día solo el 9% de todo el plástico que hemos producido y consumido hasta la actualidad a nivel mundial se ha reciclado, el 12% se ha incinerado y la gran mayoría, el 79% ha terminado en vertederos o en el medio ambiente. El 80% de los residuos que encontramos en el mar proviene de tierra, mientras que el 20% restante de la actividad marítima.

Desde hace tiempo se ha documentado los impactos que las piezas de plástico tienen en la vida marina: enredos, asfixia, estrangulación o desnutrición (tras ser ingeridos y bloquear el estómago del animal). Hoy se ha puesto un foco especial en los micro plásticos, fragmentos inferiores a 5mm, que tienen un impacto incluso en las especies más pequeñas que son la base de la red trófica marina. Los que pueden llegar a lo largo de la cadena alimentaria hasta nuestros platos.

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Sin embargo, el mayor problema no es el plástico. Gracias a él, cientos de cosas que antes pertenecían a la elite, se masificaron y miles de nuevos productos se crearon con el fin de facilitar el diario vivir. Fue un símbolo de democratización, de equidad y de futuro.

A su vez tiene características muy diversas y probablemente sea importante para nuestro desarrollo a futuro.

El problema fue que destinamos un súper material que es indestructible a productos que son desechables por excelencia.

¿Como prescindimos del plástico en situaciones donde su uso es efímero y su utilidad es mínima?